Si eres de las personas que tienen diferencias notables con su familia, y si esas diferencias afectan la comunicación que tienes con ellos, entonces este artículo es para ti. En los siguientes párrafos describiremos qué es lo que causa el soportar y qué herramientas puedes utilizar para que tus reuniones familiares no se sientan como un peso en los hombros.

Imagina que estás tranquilamente en una cena familiar compartiendo con tus padres, tíos, primos o abuelos pero de repente surge una discusión que trasforma todo el ambiente de comida casual a batalla campal. La mayoría de las personas se han encontrado a sí mismas en situaciones de este tipo y algunas conservan sensaciones negativas entorno a las reuniones familiares o incluso sobre la simple idea de encuentro con algún miembro de la familia en específico. Esto se debe a que existen diferencias grandes, notables y evidentes que hacen que aunque sean familia (y se tengan estima) también haya rechazo.

Desde el punto de vista familiar, estas diferencias puede que no hayan estado desde el principio de la relación, es decir, puede ser que una persona a medida que va creciendo vaya notando que ya no tiene las mismas ideas, pensamientos, creencias o valores que otro u otros miembros de su familia. Por ello, la persona que se percibe diferente se siente desencajado dentro del entorno familiar porque no se halla a sí mismo, a sus creencias e ideas dentro de las del resto. Esta situación genera en la persona una sensación de “soportar” de compartir por cumplir, de asistir a reuniones o encuentros solo por evitar conflictos mayores pero en su experiencia interna no se siente bien ni disfruta la idea o el momento.

¿Por qué soportar?
La mayoría de las veces, el soportar nace porque está el querer cambiar a las personas, es decir, nace de la idea que se tiene de que el otro puede o debe cambiar su pensar o manera de ser. Naturalmente, no es posible ni saludable cambiar u obligar a otros a comportarse distinto, entonces, estas ganas de que el otro cambie se convierten en “aguantar” o “soportar”, pero ninguna de esas acciones generan tranquilidad emocional porque ambas implican resistencia. Por ello, es necesario trabajar las diferencias y entender que si el otro es diferente a ti esa es una realidad que no se puede cambiar, ya que tu forma de ser y su forma de ser son propias de cada quien. En este sentido, para dejar de soportar se debe aceptar las circunstancias y la realidad tal cual son.

¿Cómo dejar de soportar?
-Identifica cuáles son los aspectos que te desencajan o te disgustan de tu familiar o familia en general, y ten la disposición de hacer las paces con la idea de que cambiar algo en ellos no depende de ti.
-Asume la responsabilidad sobre tu salud mental y tranquilidad. Si algo o alguien en tu familia te resta calma o te roba energía, busca alternativas para compartir desde las coincidencias, escoge momentos o temas que les causen empatía y aléjate de lo que afianza las diferencias.
-En el caso de que no encuentres disposición de las otras partes para empatizar contigo, puedes tomar espacio y ser neutral, es decir, no agregarle emociones positivas ni negativas al momento simplemente ver las situaciones planas tal cual son.
-Enfócate en lo bueno, es sano recordar momentos agradables y amorosos que hayas compartido con esa persona con la que tienes fuertes diferencias, para encontrar aquellos puntos positivos en los que sientes que puedes aprender de ella. Busca qué puede enseñarte o mostrarte acerca de ti mismo.

Ten presente que desde el punto de vista espiritual, la familia es el primer vínculo con el que aprendes sobre tus emociones, son ejemplo de cómo expresar amor, afecto y de cómo lidiar las diferencias. Así que, la próxima vez que te halles a ti mismo en una reunión familiar, considera que ellos son una de tus grandes escuelas y que estás allí para compartir una experiencia de disfrute, intercambio y agradecimiento por lo que cada uno es.

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