Todas las personas hemos crecido admirando a algún personaje de ficción o a un superhéroe favorito. Hemos visto muchas historias y películas de seres con habilidades, dones o poderes especiales que los hacen ser y hacer grandes cosas por la humanidad. Pero, ¿hemos sido capaces de reconocer nuestro poder personal? 

Tenemos la intención de hablarte de un superpoder con el que nacemos todos los seres humanos, el poder de la autosanación. 

¿Cómo puedes despertarlo y activarlo en ti a través de prácticas sencillas y realizables?

Basta de creer que las habilidades mágicas y creadoras están solamente en otros o que no son reales; es hora de reconocer que somos capaces de salvar nuestro pellejo de los problemas que nos generan nuestros miedos y limitaciones. 

La autosanación comienza con un proceso interno de confrontación o encuentro cara a cara con nuestras heridas, temores, o creencias negativas acerca de nosotros mismos, con todo aquello que nos atemoriza o avergüenza reconocer; se trata de un trabajo de reconocimiento y aceptación de nuestras negatividades, y de disposición a liberarnos de ellas.

 Para lograrlo, primero debemos tomar conciencia de que tenemos un problema causado por nosotros mismos y no por algo o alguien externo:

  • Por no cuidar a nuestro cuerpo no haciendo suficiente ejercicio,
  • no llevando una dieta adecuada, no alternando períodos de trabajo y descanso,
  • dejándonos llevar por la ira, el temor, la desconfianza, la pereza, y muchas otras emociones negativas, fomentadas por nuestros pensamientos negativos y descontrolados. 

 La toma de responsabilidad plena es la llave mágica que abre de par en par las puertas de la sanación interna y externa. Sin responsabilidad, declaramos al universo que somos unas “pobres víctimas” al efecto de las circunstancias, y que necesitamos que un poder externo nos libere de ese “mal”. De esa manera, estamos negando nuestro poder interior y nos declaramos incapaces de hacerlo por nosotros mismos.    El universo respeta nuestra libertad y deja que continuemos con la experiencia que hemos elegido: la de continuar como víctimas enfermas o débiles. 

Existen prácticas ancestrales en diversas culturas que ayudan a mantenerse sano y fuerte; generalmente, estas prácticas no se limitan a realizar el esfuerzo de aplicarlas, sino que también exigen una disposición mental y emocional positiva, así como una buena dosis de autoconfianza.

Sin embargo, la fuente de la autoconfianza es la práctica constante de los Principios y Valores Universales de integridad, honestidad, responsabilidad, cumplimiento de palabra, amor, tolerancia, paciencia, humildad…  ¿Confías tú en quien te miente constantemente, no cumple su palabra, es intolerante y egoísta?

Nuestra falta de lealtad y compromiso con estos Principios y Valores es la causa real y de fondo de nuestros problemas, incluyendo los de salud. No podemos ser nuestra propia medicina si no nos sentimos sanadores, y no nos podremos sentir sanadores sin asumirnos como causa de todo lo que nos pasa, incluyendo la salud o la enfermedad. Como afirma el poeta William Ernest Henley, en Invictus: “soy el amo de mi destino: soy el capitán de mi alma”. 

Para sanar desde el espíritu, desde nuestra naturaleza esencial como una unidad de Conciencia y Voluntad, debemos darnos cuenta de que nosotros mismos hemos originado los desbalances energéticos que han propiciado los estados deficientes de salud.

  Con nuestra determinación de volver a ser leales a nuestra propia esencia, comprometiéndonos con el cumplimiento de las reglas del juego que son los principios Universales. Asi recuperamos nuestro poder y retornamos de manera natural al estado de balance y equilibrio energético de nuestro ser original. 

El acróstico CReSES contiene la clave de nuestro poder de sanación: 

C = Conciencia, es decir, darnos cuenta de que tenemos un problema o una situación perturbadora o insana en nuestra vida y… 

Confrontación, es decir, “tomar al toro por los cuernos” y dejar de evadir o de negar esa situación. 

 Re = Responsabilidad: asumirnos como causa única de todo lo que nos pasa en la vida; dejar de ser víctimas. 

S = eSpacio. Dar espacio internamente para aceptar lo que es como es y lo que no es como no es. Cuando estamos tan llenos de nosotros mismos con nuestros programas mentales, creencias, expectativas, opiniones de “debería o no debería ser así”, “es malo”, etc., no hay lugar para algo más y chocamos con lo que es o no es realmente.

Si generamos suficiente espacio interior de aceptación incondicional, sin juicios, opiniones ni resistencia, todo lo que acontece cabe en ese espacio y vivimos en paz y armonía con todo. 

E = Energía: somos energía y todas nuestras experiencias también lo son.  Hay un principio que afirma que “energía que fluye, energía que crece; energía que no fluye se estanca, se atrofia y decrece”.

Cuando no fluimos con la vida, resistiendo, poniendo opiniones de “no me gusta”, “es malo ser así”, “no debe o no debería ser así”, haciendo berrinches como niños malcriados, no actuando conforme a los Principios Universales, actuando con ego en busca solamente del propio beneficio inmediato, sin importar las consecuencias ni el daño que ocasionamos a otros o al medio ambiente, impedimos que la energía fluya de manera natural y generamos nudos o diques que impiden su libre flujo.

Esto es lo que va ocasionando la formación de enfermedades en nuestro cuerpo, primero en el cuerpo astral o sutil, y luego en el cuerpo físico.

Para no enfermar o para sanar, debemos permitirnos sentir las emociones sin afectar a otros, hasta descargar el nudo energético que hemos formado. Esto obedece a otros dos principios energéticos: “Experiencia experimentada, desaparece”; y “Resistencia causa persistencia”. Si experimentamos lo que sentimos lo dejamos ir; si lo resistimos, permanece en nosotros hasta que decidamos liberarlo. 

S = Sabiduría: vivir con sabiduría, aceptando lo que es como es y lo que no es como no es, buscando el mayor bien del mayor número de seres a largo plazo, y siendo leales a nuestro verdadero ser cumpliendo las reglas del juego que son los principios Universales, nos mantendrá en paz y armonía con todo y con todos, especialmente con nosotros mismos.     

Así que, ya conocemos la fórmula del poder personal para mantener una vida armoniosa, sana y plena. 

En nuestra Escuela creemos en la espiritualización de la salud, no en correr a buscar fuera la cura de una enfermedad, sino ir al propio centro y sanar mediante la aplicación de CReSES, atender la raíz y no solo el síntoma.

Podemos afirmar con el Ayurveda hindú, que significa:

“conocimiento de la vida”, que “El silencio del cuerpo es salud”: si el cuerpo está en silencio es señal de que estamos en armonía y buena salud; conseguirla y mantenerla no es una tarea complicada, debemos conocernos y tener la disposición de priorizar nuestro bienestar. 

Invitación 

Reconoce tu propio poder personal, el poder que tienes sobre ti mismo y tu cuerpo. Mantén una observación positiva sobre ti y los otros, trátate con comprensión y usa un discurso positivo con palabras que enriquezcan tu ser y el de quienes te rodean. 

Escoge pensamientos que sean nutritivos o que te apoyen, suelta y elimina los pensamientos agresivos o de rencor hacia los demás. Dale dirección a tus pensamientos para que tus diálogos internos sean saludables, y quédate con las cosas que te ayuden a mejorar tu calidad de vida.

Eres un ser poderoso; el poder reside en los conocimientos y pensamientos que tienes, las palabras que dices, y el grado de fidelidad a tu verdadero ser. Tus pensamientos son creativos; pueden ayudarte a crear tu realidad. En ese proceso de creación, no pidas cosas pequeñas. “De la vida obtienes lo que te atreves a pedirle”, actuando con conciencia, responsabilidad, aceptación y sabiduría, y fluyendo adecuadamente tus energías. 

Recuerda eso y confía en tu ilimitado potencial interno.

Recuerda escuchar nuestro podcast de Autosanación

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Categorías: Responsabilidad

Chapaev Bracho

Chapaev Bracho

Piloto - Coach Profesional de la tecnología de transformación del ser, con más de 8 años de experiencia en desarrollo humano y espiritual.